Epilepsia resistente a medicamentos

Epilepsia resistente a medicamentos

La epilepsia, es un trastorno neurológico común con una prevalencia de 5 a 8 por 1000 individuos y un riesgo individual de por vida de 3.0% [1]. Se define por su síntoma más visible; las convulsiones causadas por una actividad anormal en el cerebro.

Las causas subyacentes de la epilepsia son heterogéneas. En algunos casos, la epilepsia tiene un origen genético (se han descrito más de 100 genes asociados a la enfermedad), pudiendo dar lugar a desajustes en el funcionamiento neuronal o malformaciones (x ej. Displasia cortical focal aislada), en otras ocasiones puede ser causada por infecciones, derrames cerebrales, neoplasias, o como consecuencia de un traumatismo.

A pesar de las diversas causas que pueden conducir a una crisis epiléptica, todas comparten un punto final; el desajuste de las corrientes eléctricas entre neuronas que se manifiesta en forma de convulsiones. Aproximadamente 2/3 de los pacientes se ven beneficiados de medicamentos que modifican la función de los canales iónicos -un tipo de proteína anclada en las membranas de las neuronas que interviene en la generación de señales eléctricas- y consiguen controlar las convulsiones por completo. Si embargo, para el resto de los pacientes, aquellos resistentes a tratamiento, deben considerar otras opciones (por ejemplo, cirugía).

En el mercado hay alrededor de dos docenas de medicamentos para tratar la epilepsia pero, aproximadamente el 30% de los pacientes se consideran “resistentes” porque continúan sufriendo crisis epilépticas a pesar de estar bajo tratamiento. Lo curioso, es que a pesar de los nuevos fármacos que han salido al mercado en las últimas décadas, el porcentaje de pacientes resistentes continúa inamovible. Esto demuestra la existente necesidad de desarrollar otro tipo de abordajes a la hora de tratar esta dolencia.

En los últimos años se ha visto un cambio de tendencia a la hora de estudiar la enfermedad, pasando de tratar la sintomatología a buscar la causa de la misma de forma individualizada en cada paciente gracias a los avances en la secuenciación genética, así como la consecución de mejores modelos animales.

Esto es de gran ayuda para numerosos pacientes, por ejemplo, en recién nacidos que de no ser tratados adecuadamente, pueden pueden acabar sufriendo un retraso en el desarrollo. También niños en edad escolar que puedan presentar dificultades con la memoria y aprendizaje debido a las crisis epilépticas, o adultos con lesiones en diferentes áreas cerebrales que alteran el funcionamiento normal del cerebro.

En el Boston Children’s Hospital, identificaron una causa genética en el 40% de los niños que responden mal a tratamiento y sufren crisis epilépticas muy severas [2].

¿En qué nos beneficia identificar el gen “defectuoso” en un paciente? Hay algunos casos en los que identificando el gen afectado, se puede tratar de identificar una diana para el tratamiento. Por ejemplo, se ha descrito un caso en el que se identificó la mutación causante de la epilepsia en una niña, que tras ser tratada con memantina -un medicamento usado en pacientes con Alzheimer- pasó de sufrir convulsiones constantes constantes en su día a día, que la incapacitaban por completo, a caminar, correr y saltar [2].

Los pacientes diagnosticados con el Síndrome de Dravet -en su mayoría causado por mutaciones en el gen SCN1A– podrían ver mitigadas sus crisis al ser tratados con un antihistamínico (estudios realizados en pez cebra). También se está trabajando en el desarrollo de tratamientos capaces de modificar la expresión génica, mediante su unión al ARN mutado, impidiendo que pueda dar lugar a la proteína defectuosa [1] .

En otros casos, se ha visto que los procesos inflamatorios cerebrales puede jugar un papel importante en el desarrollo de epilepsias resistentes a tratamiento. Se sabe que las moléculas inflamatorias son capaces de incrementar la excitabilidad neuronal, pudiendo desencadenar crisis epilépticas. Algunos medicamentos anti-inflamatorios de uso común en el tratamiento de artritis reumatoide (anakinra), pueden ayudar a reducir las convulsiones del Síndrome epiléptico por infección febril (FIRES), una encefalopatía epiléptica potencialmente fatal, muy aguda, que puede aparecer en niños y adolescentes previamente sanos tras sufrir algún tipo de enfermedad febril no específica [3].

A medida que enfocamos más los esfuerzos hacia la medicina de precisión en el campo de la epilepsia, es imperativo que los pacientes reciban el diagnóstico molecular correcto y que se informen a los pacientes sobre los estudios de investigación y ensayos clínicos disponibles. Además, conocer el gen causante de la epilepsia, nos permite proporcionarle la medicación más adecuada a cada caso [4], así como prever la evolución de la enfermedad y ofrecer el consejo genético más adecuado [5].

Un adecuado consejo genético es esencial para ayudar a la familia a entender el significado de la enfermedad genética en un contexto cultural, personal y familiar, así como a sobrellevar las emociones relacionadas con el hecho de padecer o no una afección genética conocida, tener un familiar con una afección genética o correr el riesgo de padecer una afección genética en el futuro.

Durante el consejo genético proporcionamos recomendaciones en el manejo médico, identificamos a los miembros de la familia que pueden estar en riesgo, brindamos información sobre el riesgo de recurrencia y las opciones de pruebas prenatales para futuros embarazos. Además, dirigimos a las familias a los recursos de apoyo específicos de genes disponibles [4].

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http://www.consejogenetico.org/Asesoramiento-gen%C3%A9tico/

BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS

[1] Banerjee PN, Filippi D, Allen Hauser W. ( 2009) The descriptive epidemiology of epilepsy—a review. Epilepsy Res. 85(1):31-45

[2] Jennifer Couzin-Frankel (2019) EPILEPSY’S NEXT FRONTIER . 13 december •vol 366 issue 6471

[3] Dilena, R., Mauri, E., Aronica, E., Bernasconi, P., Bana, C., Cappelletti, C., … Vezzani, A. (2019). Therapeutic effect of Anakinra in the relapsing chronic phase of febrile infection–related epilepsy syndrome. Epilepsia Open, 4(2), 344–350.

[4] Smith, L. A., Ullmann, J. F., Olson, H. E., Achkar, C. M., Truglio, G., Kelly, M., Rosen-Sheidley, B., & Poduri, A. (2017). A Model Program for Translational Medicine in Epilepsy Genetics. Journal of child neurology32(4), 429–436.

[5] Steinlein O. K. (2008). Genetics and epilepsy. Dialogues in clinical neuroscience10(1), 29–38.

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